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Palabras del Papa Benedicto XVI

Palabras del Papa Benedicto XVI

SEÑOR, QUÉDATE CON NOSOTROS

El actual Papa, Benedicto XVI, nació con el nombre de Joseph Aloisius Ratzinger, y fue elegido como el 265º Papa el 19 de abril de 2005. El ha venido ejerciendo su pontificado con alegría, bondad y sabiduría. Así, el Papa ha señalado que pone su “ministerio al servicio de la reconciliación y de la armonía entre los hombres y los pueblos, profundamente convencido que el gran bien de la paz es sobre todo don de Dios, don frágil y precioso que debe ser invocado, tutelado y construido día tras día con el aporte de todos”.

Pero además, el 13 de mayo del 2007 el Papa Benedicto XVI, inauguró la V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano y del Caribe, realizada en Aparecida, Brasil, y señaló que “la fe en Dios ha animado la vida y la cultura de estos pueblos (latinoamericanos) durante más de cinco siglos”. También dijo que “la sabiduría de los pueblos originarios les llevó afortunadamente a formar una síntesis entre sus culturas y la fe cristiana (…) De allí ha nacido la rica y profunda religiosidad popular, en la cual aparece el alma de los pueblos latinoamericanos: (…) el Dios de la compasión, del perdón y de la reconciliación; (…)  el amor al Señor presente en la Eucaristía, (…); el Dios cercano a los pobres y a los que sufren; la profunda devoción a la Santísima Virgen”.

Se refirió también al fenómeno de la globalización, del cual dijo  que “en ciertos aspectos es un logro de la gran familia humana y una señal de su profunda aspiración a la unidad, sin embargo comporta también el riesgo de los grandes monopolios y de convertir el lucro en valor supremo”. Por ello “debe regirse también por la ética, poniendo todo al servicio de la persona humana, creada a imagen y semejanza de Dios”.

También añadió que “Esta Conferencia General tiene como tema: “Discípulos y misioneros de Jesucristo para que nuestros pueblos en Él tengan vida” (Jn 14, 6). (…) Esto conlleva seguirlo, vivir en intimidad con Él, imitar su ejemplo y dar testimonio”. Pero el Papa se preguntó: “¿Por qué queremos ser discípulos de Cristo?”, y su respuesta fue “Porque esperamos encontrar en la comunión con Él la vida, la verdadera vida digna de este nombre, y por esto queremos darlo a conocer a los demás, comunicarles el don que hemos hallado en Él”.

A continuación preguntó: ¿Estamos realmente convencidos de que Cristo es el camino, la verdad y la vida?”. Y acto seguido el Papa volvió a preguntar sobre el significado de ser discípulo de Cristo: “¿no podría ser acaso una fuga hacia el intimismo, hacia el individualismo religioso, un abandono de la realidad urgente de los grandes problemas económicos, sociales y políticos de América Latina y del mundo, y una fuga de la realidad hacia un mundo espiritual?”.

En ese sentido señaló que no es así porque “Dios es la realidad fundante, no un Dios sólo pensado o hipotético, sino el Dios de rostro humano; es el Dios-con-nosotros, el Dios del amor hasta la cruz. Cuando el discípulo llega a la comprensión de este amor de Cristo <hasta el extremo>, no puede dejar de responder a este amor si no es con un amor semejante: <Te seguiré adondequiera que vayas> (Lc 9, 57)”.

En esa perspectiva se siguió preguntando: “¿Qué nos da la fe en este Dios? La primera respuesta es: nos da una familia, la familia universal de Dios en la Iglesia católica. La fe nos libera del aislamiento del yo, porque nos lleva a la comunión: el encuentro con Dios es, en sí mismo y como tal, encuentro con los hermanos, un acto de convocación, de unificación, de responsabilidad hacia el otro y hacia los demás. En este sentido, la opción preferencial por los pobres está implícita en la fe cristológica en aquel Dios que se ha hecho pobre por nosotros, para enriquecernos con su pobreza (cf. 2 Co 8, 9)”.

Y el Papa seguidamente se preguntó: “¿Cómo conocer realmente a Cristo para poder seguirlo y vivir con Él, para encontrar la vida en Él y para comunicar esta vida a los demás, a la sociedad y al mundo? Ante todo, Cristo se nos da a conocer en su persona, en su vida y en su doctrina por medio de la palabra de Dios. (…) es condición indispensable el conocimiento profundo de la palabra de Dios”. Y animó a educar al pueblo en la palabra de Dios, y que ella “se convierta en su alimento para que, por propia experiencia, vean que las palabras de Jesús son espíritu y vida (cf. Jn 6, 63). De lo contrario, ¿cómo van a anunciar un mensaje cuyo contenido y espíritu no conocen a fondo?”.

Por ello resaltó que “En este esfuerzo por conocer el mensaje de Cristo (…) hay que recordar que la evangelización ha ido unida siempre a la promoción humana y a la auténtica liberación cristiana. <Amor a Dios y amor al prójimo se funden entre sí: en el más humilde encontramos a Jesús mismo y en Jesús encontramos a Dios> (Deus caritas est, 15). (…) La vida cristiana no se expresa solamente en las virtudes personales, sino también en las virtudes sociales y políticas”.

Y con mucho amor, el Papa dijo que “Los pueblos latinoamericanos y caribeños tienen derecho a una vida plena, propia de los hijos de Dios, con unas condiciones más humanas: libres de las amenazas del hambre y de toda forma de violencia. Para estos pueblos, sus pastores han de fomentar una cultura de la vida que permita, como decía mi predecesor Pablo VI, pasar de la miseria a la posesión de lo necesario, a la adquisición de la cultura… a la cooperación en el bien común… hasta el reconocimiento, por parte del hombre, de los valores supremos y de Dios, que de ellos es la fuente y el fin (Populorum progressio, 21)”.

Al recordar la encíclica Populorum progressio (Progreso de los Pueblos), dijo que ese documento pontificio “pone en evidencia que el desarrollo auténtico ha de ser integral, es decir, orientado a la promoción de todo el hombre y de todos los hombres (cf. n. 14), e invita a todos a suprimir las graves desigualdades sociales y las enormes diferencias en el acceso a los bienes. Estos pueblos anhelan, sobre todo, la plenitud de vida que Cristo nos ha traído: <Yo he venido para que tengan vida y la tengan en abundancia> (Jn 10, 10). Con esta vida divina se desarrolla también en plenitud la existencia humana, en su dimensión personal, familiar, social y cultural”.

Y dijo también que con mucho cariño que “Para formar al discípulo y sostener al misionero en su gran tarea, la Iglesia les ofrece, además del Pan de la Palabra, el Pan de la Eucaristía. A este respecto nos inspira e ilumina la página del Evangelio sobre los discípulos de Emaús. Cuando éstos se sientan a la mesa y reciben de Jesucristo el pan bendecido y partido, se les abren los ojos, descubren el rostro del Resucitado, sienten en su corazón que es verdad todo lo que Él ha dicho y hecho, y que ya ha iniciado la redención del mundo”.

Por ello agregó que “Cada domingo y cada Eucaristía es un encuentro personal con Cristo. Al escuchar la palabra divina, el corazón arde porque es Él quien la explica y proclama. Cuando en la Eucaristía se parte el pan, es a Él a quien se recibe personalmente. La Eucaristía es el alimento indispensable para la vida del discípulo y misionero de Cristo”.

Por ello exhortó que “Hemos de motivar a los cristianos para que participen en ella activamente y, (…) mejor con la familia”. Añadió que “Es necesario que los cristianos experimenten que no siguen a un personaje de la historia pasada, sino a Cristo vivo, presente en el hoy y el ahora de sus vidas. Él es el Viviente que camina a nuestro lado, descubriéndonos el sentido de los acontecimientos, del dolor y de la muerte, de la alegría y de la fiesta, entrando en nuestras casas y permaneciendo en ellas, alimentándonos con el Pan que da la vida. Por eso la celebración dominical de la Eucaristía ha de ser el centro de la vida cristiana”.

Con mucha sabiduría puntualizó que “El encuentro con Cristo en la Eucaristía suscita el compromiso de la evangelización y el impulso a la solidaridad; despierta en el cristiano el fuerte deseo de anunciar el Evangelio y testimoniarlo en la sociedad para que sea más justa y humana. De la Eucaristía ha brotado a lo largo de los siglos un inmenso caudal de caridad, de participación en las dificultades de los demás, de amor y de justicia. ¡Sólo de la Eucaristía brotará la civilización del amor, que transformará Latinoamérica y El Caribe para que, además de ser el continente de la esperanza, sea también el continente del amor!”.

Y dirigiéndose a los “religiosos, a las religiosas y a los laicos consagrados”, dijo que “La sociedad latinoamericana y caribeña necesita vuestro testimonio: en un mundo que muchas veces busca ante todo el bienestar, la riqueza y el placer como objetivo de la vida, y que exalta la libertad prescindiendo de la verdad sobre el hombre creado por Dios, vosotros sois testigos de que hay una manera diferente de vivir con sentido; recordad a vuestros hermanos y hermanas que el reino de Dios ya ha llegado; que la justicia y la verdad son posibles si nos abrimos a la presencia amorosa de Dios nuestro Padre, de Cristo nuestro hermano y Señor, y del Espíritu Santo nuestro Consolador”.

Por todo ello el Papa dijo que “nos llevan a hacer nuestra la súplica de los discípulos de Emaús: <Quédate con nosotros, porque atardece y el día ya ha declinado> (Lc 24, 29).

Quédate con nosotros, Señor, acompáñanos aunque no siempre hayamos sabido reconocerte. Quédate con nosotros, porque en torno a nosotros se van haciendo más densas las sombras, y Tú eres la Luz; en nuestros corazones se insinúa la desesperanza, y Tú los haces arder con la certeza de la Pascua. Estamos cansados del camino, pero Tú nos confortas en la fracción del pan para anunciar a nuestros hermanos que en verdad Tú has resucitado y que nos has dado la misión de ser testigos de tu resurrección.

Quédate con nosotros, Señor, cuando en torno a nuestra fe católica surgen las nieblas de la duda, del cansancio o de la dificultad: Tú, que eres la Verdad misma como revelador del Padre, ilumina nuestras mentes con tu Palabra; ayúdanos a sentir la belleza de creer en Ti.

Quédate en nuestras familias, ilumínalas en sus dudas, sostenlas en sus dificultades, consuélalas en sus sufrimientos y en la fatiga de cada día, cuando en torno a ellas se acumulan sombras que amenazan su unidad y su naturaleza. Tú que eres la Vida, quédate en nuestros hogares, para que sigan siendo nidos donde nazca la vida humana abundante y generosamente, donde se acoja, se ame, se respete la vida desde su concepción hasta su término natural.

Quédate, Señor, con aquellos que en nuestras sociedades son más vulnerables; quédate con los pobres y humildes, con los indígenas y afroamericanos, que no siempre han encontrado espacios y apoyo para expresar la riqueza de su cultura y la sabiduría de su identidad.

Quédate, Señor, con nuestros niños y con nuestros jóvenes, que son la esperanza y la riqueza de nuestro continente, protégelos de tantas insidias que atentan contra su inocencia y contra sus legítimas esperanzas.

¡Oh buen Pastor, quédate con nuestros ancianos y con nuestros enfermos! ¡Fortalece a todos en su fe para que sean tus discípulos y misioneros!”.

Prof. Nydia Villavicencio Maldonado

Short URL: http://www.salesianosayacucho.edu.pe/?p=1414

Posted by on Jun 9 2012. Filed under EDUCADORES SALESIANOS. You can follow any responses to this entry through the RSS 2.0. Both comments and pings are currently closed.

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